Templo del Santuario
de Nuestra Señora de Guadalupe
Ubicación:
Horario:
06:30 - 21:00 Hrs.
Costo:
El Templo del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe comenzó a levantarse en 1767, ubicado en lo que entonces se conocía como el Barrio de los Arellano, un área que floreció gracias al comercio y la agricultura.
Fue edificado sobre un terreno donado por una familia con apellido Sedillo, gracias también a la generosa aportación de $26,000 pesos del presbítero José Javier Tello de Lomas y Francisco Flores Robles.
La obra principal, diseñada por Felipe de Ureña —quien proyectó la planta en cruz latina, la portada y el retablo principal— concluyó en su primera fase en 1789.
El templo sufrió varias modificaciones: en 1907 se añadieron las naves laterales, transformándolo a planta de tipo basilical; en 1931 fue elevado a la categoría de parroquia; y en 1973 se concluyeron las dos torres, basadas en diseños de Refugio Reyes Rivas y ejecutadas por Víctor Manuel Villegas. En 2018, el padre Carlos Alberto García Zavala, con el apoyo de feligreses y supervisión del INAH, restauró murales y recubrió con pan de oro el altar mayor.
El templo destaca como magnífico ejemplo del barroco exuberante del Bajío, visible en la ornamentada portada de cantera rosa, llena de filigranas, medallones y estatuas que honran a la Virgen y a la tradición católica. Su gran cúpula está cubierta por azulejos de Talavera —también conocidos como “de pañuelo”—, aportando un toque de color y elegancia al exterior.
El interior es igualmente recargado: cuenta con esculturas y pinturas de gran calidad, un púlpito en Tecali (una piedra volcánica que simula mármol), y pechinas decoradas con las cuatro apariciones de la Virgen de Guadalupe. Destaca una pintura de José de Alcíbar, datada en 1777, fiel réplica del original, con el mensaje “Josef de Alzíbar, Pinxit, 1777”. Hacia el fondo se encuentra la capilla del Santísimo, levantada a inicios del siglo XX en un estilo neogótico.
Originalmente, junto al templo se habilitó un cementerio en 1785. Con el tiempo, por cuestiones sanitarias, fue cerrado y convertido en un jardín a partir de 1877, inicialmente llamado “Jardín Porfirio Díaz” y hoy conocido como Jardín de Guadalupe. En su centro se encuentra un quiosco octogonal de herrería, y recientemente se añadió una plazuela dedicada al Papa Juan Pablo II, con una escultura en cantera y murales de Talavera.