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CULTURA DE LA LEGALIDAD

 

“Sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así, la poesía no habrá cantado en vano.” Pablo Neruda

Miércoles, 30 de Noviembre de 2011


Sara Patricia Ramírez

 

El hecho de que no exista en nuestro país una verdadera cultura de la legalidad y de la justicia, de ninguna manera significa que no haya caminos por recorrer en contra de la ilegalidad y de la injustica; por tal motivo, hoy nuestra reflexión gira en torno a este tema aludiendo algunos textos del Mtro. Héctor Rodríguez Espinoza.

 

Concibiendo a la cultura en general, “como un plano ordenador de la vida social que le da unidad, contexto y sentido a los quehaceres humanos”, y habiendo de entender que cultura y Derecho están ligados a lo jurídico, podemos decir que la cultura jurídica y la cultura política abrazan a la llamada cultura de la legalidad y de la justicia, que funda sus orígenes en la Revolución Francesa, madre inspiradora de todas las revoluciones.

 

Así, en México, la historia de la Cultura de la legalidad se remonta a los Sentimiento a la Nación, en donde Morelos proclamara que "la buena ley es superior a todo hombre", y que hoy, bajo una complejidad extrema, podemos describirla como “un mecanismo de autorregulación individual y de regulación social que exige, de todos y cada uno de los ciudadanos, una armonía entre el respeto a la ley, las convicciones morales y las tradiciones culturales”.

 

Y, siendo más coloquiales, diríamos que “es crear la costumbre de manejarse cotidianamente con legalidad, sin que una tercera persona tenga que forzarnos. Es estar consciente de que si uno actúa de esa forma se está colaborando a mejorar la sociedad de la que siempre nos quejamos, pero que nosotros deterioramos. No actuar con legalidad puede ir desde una mínima infracción de tránsito, hasta crímenes graves. Cualquiera de ellos enferma a la sociedad y hace que la convivencia sea cada vez más imposible”.


Pero, si toda esta cuestión teórica resultara poca, y en México los expertos afirman que: la sociedad está controlada y estructurada legalmente; que la ciudadanía en general conoce las partes esenciales de las leyes que la rigen, acepta las leyes elaboradas por sus representantes, aún y cuando no esté de acuerdo con ellas; entiende que existe un castigo para quienes violan la ley, un proceso de defensa para acusados, un sistema para cambiar las leyes, apoyo a víctimas y que aquí se condena la delincuencia y la corrupción; y, además, el tema está en la agenda de los gobiernos y ocupa amplios espacios en el ámbito internacional.

 

¿Entonces por qué los medios son página roja que nos remiten día a día a situaciones de verdadero salvajismo?

 

Es evidente que es porque se trata de un asunto toral, de extremo delicado por sus consecuencias, y cuyo reto, a pesar de los esfuerzos, se centra todavía en profundizar los diagnósticos y en explorar modelos de intervención que resuelvan de raíz el problema y propicien otras realidades que sedan paso a una cultura que no sólo sea abordada por los especialistas, sino que incube en la conciencia de los ciudadanos y desde ahí se puedan provocar nuevas actitudes y valores, que a su vez induzcan nuevos comportamientos.

 

Así lo afirma el ex alcalde de Palermo, Leoluca Orlando, quien, con el prestigio internacional de haber revertido de manera significativa tendencias delictivas en la cuna de la mafia, señala que “el único antídoto que existe contra la inseguridad es la cultura de la legalidad.”

 

En donde la educación juega un papel fundamental, sin embargo, es insuficiente toda vez que el mensaje las más de las veces se da en condiciones poco favorables para el aprendizaje, y es anulado por la dinámica social real que transmite en sentido inverso.

 

De aquí que, por paradójico que parezca, volvemos a nuestro inicio histórico, ya que la misión gravita en la creación de una buena ley que sea aplicada por hombres justos, quienes den certeza a legalidad y justicia en un estado democrático de Derecho.

 

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